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jueves, 11 de agosto de 2011

El poder del Estado contra Efraín Bartolomé, por José Manuel Recillas

La violenta entrada de un grupo de “policías federales” en casa del poeta Efraín Bartolomé en busca de armas es una prueba más de que en la llamada “guerra contra el narco” del presidente de la Nación, se ha perdido el rumbo –si es que alguna vez lo tuvo– y se dan sólo palos de ciego en busca de un enemigo de mil cabezas.

Al mismo tiempo, otro poeta, Javier Sicilia, señalaba, apenas con un día de diferencia, que se ha satanizado al Ejército en esta lucha contra el crimen organizado por parte del Estado desorganizado. Por más que la buena fe de un poeta clame por evitar ensuciar el “prestigio” de las fuerzas armadas, es evidente que desde 1968 el Ejército no tiene manera de limpiar su nombre, y jamás ha pedido disculpas institucionales por “seguir órdenes” y masacrar a población civil indefensa. Lo mismo podría decirse de la actual guerra contra el crimen organizado.

La violenta irrupción en casa del poeta Efraín Bartolomé es un argumento más en torno a la absoluta indefensión del ciudadano con respecto a la autoridad del Estado, que es la primera en violar las garantías individuales. No encontraron armas en casa del poeta, pero si hubieran buscado bien, seguro las habrían encontrado: plumas, hojas de papel en blanco, libros, he ahí las peligrosas armas en poder del escritor, que por la ignorancia supina de los cuerpos de “seguridad” del Estado no supieron reconocer.

Es obvio que ya no hay defensa posible frente al poder arbitrario del Estado, que como gallina sin cabeza, ataca a los ciudadanos de a pie, sin que medie investigación alguna ni orden de juez ninguno, de modo que el “imperio de la ley” tan cacareado por el presidente y sus subalternos simplemente no existe pues de origen, lo sabemos, jamás lo hubo.

En verdad esta llamada “guerra contra el crimen organizado” es una guerra perdida, y los defensores de la estrategia gubernamental sólo pueden atenerse a que las próximas víctimas no sean ellos, o sea alguien de su agrado, para así justificar lo injustificable. Y mientras eso ocurre, medios de comunicación, comunicadores, lamehuevos y lee-noticias se dedican a arrastrase tras la noticia de los probables candidatos a la Presidencia. Allí también se ve el desprecio del Cuarto Poder por el ciudadano de a pie.

Terrorismo contra Occidente, por José Manuel Recillas

Terrorismo contra Occidente
José Manuel Recillas

Pobrecito mi patrón,
cree que el pobre soy yo.
Alberto Cortés


El reciente atentando “terrorista” del grupo Individualidades Tendientes a lo Salvaje en un plantel del Tec de Monterrey parecería un acto fuera de lugar, especialmente porque México no es precisamente un país con desarrollos tecnológicos de vanguardia como podríamos imaginar. Pero el asunto me interesa no tanto por lo que estos “terroristas” “anarquistas” defienden, sino justamente por lo que los medios de comunicación, no menos que los aparatos de seguridad del Estado, han dicho de ellos.

La mayoría de los comentarios de periodistas, columnistas y lamehuevos de oficio se caracterizaron por su ligereza, torpeza y por su arbitrariedad. Desde la torpeza semántica de una Denise Maerker, que no acierta a dar pie con bola, y cita a Theodore Kaczynsky como antecedente de lo ocurrido en México, hasta el patético ejemplo de Martín Mendoza, en Radio Red, quien haciendo uso de habilidades tiranosáuricas para no tropezarse con su propia lengua o morir electrocutado con tanta baba, muestra su enciclopédica ignorancia, defendiendo rabiosamente la evolución tecnológica “que nos permite dominar nuestro entorno”.

El tono general hacia el atentado con bomba ha sido de descalificación, de tildar de “locos” a quienes decidieron enviar un artefacto casero contra el abuso de la tecnología, y arrastrados como Martín Mendoza ni siquiera entienden cómo es que alguien no podría sentirse beneficiado por vivir en un mundo tecnologizado en extremo como el que vivimos. Hay que estar loco para atentar contra las evidentes ventajas que el desarrollo tecnológico proporciona.

Pero lo que me llamó la atención en el caso del mencionado lamehuevos no fue solamente la vehemencia –que ya es característica inherente de los de su ralea– con la que defendió las ventajas de “dominar” –según él– nuestro entorno, sino algo más: este lengua de vaca profesional señaló que este ataque no era contra el poder (algún político o partido), contra grupos políticos, de algún estudiante resentido, y carecía de ideología (no es de izquierda ni de derecha, rebuznó el onagro).

La estupidez del arrastrado me pareció, como siempre en su caso, insultante. Ni por asomo se preguntó el por qué del hecho: simplemente tildó de locos a los integrantes de este grupo “anarquista”, dedicatoria con la que se descalifica a quien no se sienta agradecido por los beneficios del progreso.

Pero dado que este lamehuevos está más interesado en arrastrase ante cualquier poder, así sea intangible –¬en este caso el progreso–, no se percata de lo que sucede a su alrededor ni escucha sus propios rebuznos. Él cree, en su ignorancia enciclopédica, que no hay ideología ni orientación en estos ataques. Pero se equivoca. La fe en el progreso es una ideología, o para usar un término más sociológico, un sistema de creencia, y nació en Francia durante el llamado Siglo de las Luces, o Iluminismo.

Ya el mismo nombre nos indica este prejuicio de corte eurocéntrico de suponer que serán las luces las que iluminen al hombre para sacarlo de las tinieblas (o si se quiere ser muy platónico, de las cavernas), y que el conocimiento emanado de estas luces y de la razón conducirán al hombre al paraíso, más que la fe.

Pero esta fe en la razón no es menos supersticiosa que la fe a secas, y también tiene sus mártires y santos, e igual que aquella superstición que es la religión (“opio de los pueblos” la llamó, abusivamente, Marx), está basada en presupuestos insostenibles. Y en el mejor de los casos, en su nombre, “Progreso”, se han asesinado tantos seres humanos como en el caso de la defensa de la fe religiosa.

La idea de la emancipación del hombre de su eterna juventud e ignorancia, y de que el debate razonado llevará indefectiblemente al avance, y que todos los males y enfermedades serán salvados mediante el avance científico, no es menos absurdo que la confianza en una potencia divina todopoderosa y la ciega confianza en Su sabiduría. En ambos casos, se trata de una fe en algo que nadie ha visto y que no hay forma de comprobar.

Desde el Siglo de las Luces y desde la Revolución industrial, su corolario lógico, ni se han acabado los males, ni se han curado los padecimientos del hombre, y las matanzas de seres humanos, lejos de haber desaparecido, se han incrementado e industrializado, planificado meticulosamente. El término “limpieza étnica”, por ejemplo, es apenas un disfraz para ocultar el verdadero sentido de asesinato en masa, tal como Hitler lo hizo con los judíos, y como éstos lo hacen ahora con los palestinos.

La confianza en el progreso, la fe en que el avance tecnológico lo puede todo, es una fe tan absurda y ridícula como cualquier otra, e incluso, en un sentido narrativo, el conocimiento científico resulta empobrecedor. Tal fue mi propuesta, por ejemplo, en el establecimiento del marco argumental de la obra Sidereus nuncius que se estrenó en 2009 en la ciudad de México.

Dicha obra colectiva, pese a sus inherentes contradicciones –por ejemplo, el uso de tecnología de manipulación sonora de vanguardia para su representación, el uso de video de alta definición, rayos láser–, se basó en el siguiente argumento, que personalmente concebí:

Sidereus nuncius fue concebida como una lectura crítica de la obra original de Galileo, y en su concepción multidisciplinaria confluyen no sólo conceptos y vertientes estéticas diversas, sino también un deseo de oponerse al racionalismo secular y positivo que el pensamiento de Galileo inauguró. […] los elementos argumentales, que van desde el mito de la caverna de Platón y el gesto de Dios separando la luz de las tinieblas hasta la fundación de Babel y la multiplicación de las lenguas sobre el mundo, pasando por el mito de Ícaro hasta su evolución en el mito de Altazor, buscan ser una clave de lectura que invierta esta uniformidad de pensamiento que ve en el caos una desgracia y no el origen de la diversidad, y en la ciencia y el método científico reintroducido por Galileo el origen de la depredación del planeta.

Esto es exactamente lo que está detrás del atentado con bomba en el Tec de Monterrey: el rechazo no sólo a la tecnología avasalladora, sino a sus consecuencias: la depredación del planeta.

Señalé antes que el conocimiento científico es, en un nivel narrativo y emotivo, más empobrecedor que la narrativa mítica, incluso religiosa, que muchos racionalistas de petatiux (ateos en realidad) rechazan y califican de vejestorios y sin sentido. Pero no es así. Sólo piénsese en la siguiente comparación narrativa: los antiguos pueblos indígenas de México –y de casi cualquier lugar del mundo– consideraban que para todo había una deidad que hacía posible aquello: el crecimiento del maíz, por ejemplo, que estaba dominado por al menos cinco deidades. Y cada una de ellas estaba allí para que el hombre participara, y esta participación era indispensable, pues de otra manera no crecería el maíz. Había que conjurar al dios de la lluvia para que lloviera, y había que calmar al dios sol y reverenciar a la diosa luna, pues de lo contrario, el día no llegaría y la noche sería eterna. Esto es una narrativa emocional, enriquecedora, que relaciona al hombre con su medio y lo hace respetarlo. No es superchería. Pero la ciencia le dice al hombre moderno: no importa lo que hagas, la lluvia caerá, y no importa si haces sacrificios, sucederá, porque es un proceso físico de evaporación. Ni siquiera es necesario que lo veas, o que estés presente, de todas formas sucederá. Esto separa al hombre de la naturaleza, y le hace creer, como señalaba Martín Mendoza el lamehuevos –y muchos otros como él– que puede dominar su entorno. Esto se llama soberbia, locura, demencia, se llama eurocentrismo, positivismo, tecnologicismo, Frankeinstenismo.

Y todavía se preguntan estos lamehuevos cómo es posible que alguien no quiera vivir en ese mundo donde sólo falta el maná cayendo del cielo. Creen que los locos son aquellos que no aceptan las reglas del mundo hipertecnologizado y deshumanizado en el que viven. Pobrecitos. No entienden un carajo.

sábado, 18 de junio de 2011

Mi posición ante el Premio Príncipe de Asturias en Letras 2011 a Leonard Cohen, por José Manuel Recillas

MI POSICIÓN ANTE EL PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS EN LETRAS 2011 A LEONARD COHEN
José Manuel Recillas

Hace unos días se anunció que el cantante, poeta y novelista canadiense Leonard Cohen se había hecho acreedor al Premio Príncipe de Asturias en Letras. Este prestigioso galardón es el más importante del planeta, después del Premio Nobel que se da en Suecia cada año.

El Príncipe de Asturias no es como los Grammys latinos que los hispanoparlantes hicieron en Estados Unidos en virtud que el Grammy real, el único realmente importante, ignoraba paladinamente, año tras año, y lo sigue haciendo, a los artistas comerciales que cantan en español. Al gringo gringo el Grammy latino le importa un bledo porque él no habla español, y si los idiotas hispanoparlantes van a pagar por usar el nombre del premio original para darse entre ellos un reconocimiento que en los hechos carecede importancia, pues bienvenido el dinero. Pero el Grammy latino (como el original) carece de cualquier prestigio y de cualquier relevancia. Tampoco es como el llamado Premio Nobel de Economía, que stricto sensu no existe; se trata en realidad de un premio de economía que está asociado a la Academia Sueca de Ciencias y Artes, y que se entrega en la misma fecha, y que aquélla anuncia a la manera de un maestro de ceremonias invitado.

El Príncipe de Asturias fue creado para reconocer los aportes que en diversos ámbitos, incluido el deportivo, por ejemplo, hagan individuos o instituciones al mundo, y es, en ese sentido, el galardón que contempla un mayor número de disciplinas, incluidas la economía y las ciencias sociales, y todas con el mismo rigor.

Que este 2011 se le haya otorgado a alguien que es más conocido y admirado en el mundo por su labor como eso que ahora llamar cantautor es un evento digno de llamar la atención. Quiero fijar mi postura frente a este reconocimiento a uno de los iconos populares más importantes del mundo.

No es la primera vez que el galardón lo obtiene una figura de este tipo. Ya en 2007, y para sorpresa de muchos, y enojo de muchos otros también, lo había obtenido Bob Dylan, y en la misma categoría que hoy la recibe Cohen: Letras. Lejos de rasgarme las vestiduras y protestar, me parece digno de encomio que en tan poco tiempo dos personalidades tan importantes reciban el mismo premio, incluso en mi caso, como alguien que no siente particular interés por lo que hace Leonard Cohen, hacia cuyas canciones nunca me he sentido particlarmente cercano ni con quien me identifico en sentido alguno.

El premio de Letras a dos escritores de canciones es de enorme importancia porque en ambos casos significa, además del dinero y el prestigio implícitos, el reconocimiento (y esto lo saben mejor los sociólogos que los llamados "intelectuales", al menos en México) de que la cultura popular no es muy diferente de la cultura de elite y que, de hecho, sin la primera no existiría la segunda. Esto lo sabían muy bien los músicos renacentistas, Mozart, Beethoven, Brahms, Mahler y también poetas como César Vallejo y Federico García Loca. Desde una perspectiva social, significa también que todo un apartado de la cultura underground del último medio siglo, o más, en el caso de Dylan, finalmente adquiere una respetabilidad que le había sido negada por una buena parte de la cultura de elite. No hay que ir muy lejos para ver con qué desprecio olímpico no pocos de nuestros "intelectuales", o escritores en revistas como Nexos o Letras Libres, ni siquiera ocultan su desprecio por esta clase de artistas, escriban sus canciones en inglés o lo hagan en español, sino que lo exponen con una impudicia digna de mejor causa.

Pondré un solo ejemplo de cómo esta cultura popular ha sido vista con desprecio por nuestros escritores y pensadores. Hace más o menos un año, Miguel Salmón del Real me hizo ver una entrevista que Jorge Volpi dio a una revista, en la que el novelista mexicano hablaba de que su sueño era ser director de orquesta. No dijo que quisiera ser guitarrista de un grupo de rock, sino específicamente director de orquesta. No es, por cierto, el único caso; pero recuerdo que le dije a nuestro egregio amigo que me parecía que ese "sueño" volpiano era explicable en función de una aspiración de corte juvenil a la que casi ninguno escapa.

En efecto, cuando uno es adolescente o un jovenzuelo, y cae en las dulces garras de la música, la mayoría caemos en las del rock, y no hay imagen icónica más seductora que la de cualquier gran guitarrista: Jimmy Page, Angus Young, Eric Clapton, Jimmy Hendrix, Tom Scholz, you name it, son virtuosos deslumbrantes de su instrumento, y su carisma resulta casi irresistible --de allí que, por ejemplo, se haya inventado la guitarra imaginaria, el instrumento ideal mediante el cual cualquiera de nosotros nos unimos, desde la sala o la recámara de nuestra casa, a nuestros ídolos y tocamos los mismos solos de guitarra que ellos; más recientemente, se inventó el juego Guitar Hero para poder practicar de manera más cercana este placentero ejercicio musical.

Pero este sueño adolescente muy pronto termina cuando uno crece y debe enfrentarse a la vida diaria y ganarse el pan diario. El adolescente puede darse el lujo de identificarse con un greñudo sudoroso y maloliente que corre por el escenario haciendo toda clase de desmanes, incluido el de destruir su instrumento, por ejemplo, porque del adolescente no se espera nada más que sea adolescente y pase pronto a la siguiente etapa de la vida. Pero el sueño de tocar la guitarra como un profesional siempre queda en cualquiera de nosotros. No es difícil ver en el transporte público gente con sus audífonos tocando la guitarra imaginaria o haciendo redobles de batería o llevando el ritmo, y a veces incluso cantando. Pero aquel que se decide por la vida intelectual, no puede menos que ver con desconfianza a ese greñudo que toca la guitarra, y es natural que busque un icono que le quede, y ese es el del director de orquesta.

Para cualquier psicólogo, especialmente si es freudiano, las connotaciones fálicas en uno y otros ejemplo resultarían evidentes, pero su opinión en este momento no nos importa. Lo que importa en ambos casos es que hay una confusión semántica con lo que uno escucha y el placer que proporciona, y lo que se requiere para que ese placer sea posible. En ambos casos, algo que es enormemente difícil, es ocultado por la maestría inrterpretativa. Más aún, en el caso del área intelectual, la posible identificación con el director de orquesta se debe a que se piensa que es muy fácil dirigirla: sólo hay que mover las manos. Pero en ambos casos lo que se pierde de vista es que detrás de cualquiera de estas dos actividades, hay un ejercicio intelectual y técnico de no escaso mérito.

De modo que otorgarle el más importante premio internacional a Leonard Cohen, no menos que a Bob Dylan en 2007, no sólo le otorga la respetabilidad que a esta profesión se le había negado desde el ámbito intelectual de elite, sino que además reivindica todo un movimiento cultural con el que millones de jóvenes de cuerpo y de espíritu se identifican. Más aún, abre las puertas para que otros artistas similares pudiesen obtener tal distinción, como podrían serlo Joan Manuel Serrat o Silvio Rodríguez, iconos culturales tan importantes como Dylan o Cohen.

Y quiero señalar algo que es importante sobre este premio y reconocimiento de la cultura popular, de aquellos que escriben canciones. Hoy, los poetas o pensadores de elite pueden ver con desprecio este premio a Cohen o a Dylan porque escriben simples canciones, pero la tradición musical occidental empezó, justamente, con simples canciones. No otra cosa son los madrigales renacentistas. Su variante inglesa se llamaba simplemente así: songs, canciones. John Dowlnad, uno de los compositores más importantes del temprano barroco inglés, escribió algunas de las más notables songs de todos los tiempos, y compararlo con lo que han hecho Bob Dylan o Leonard Cohen, no menos que lo que han hecho Lennon & McCartney, Taupin y Elton John, sería ignorar ese hecho histórico simple y llano. Las óperas, que tanto gustan a los operópatas, como los llama Manuel Yrízar, no son otra cosa que canciones en ristre (o "talento apilado", como lo llamó un amigo) puestas en escena apoyando una historia de fondo.

Decir, como lo acabo de hacer, que al otorgarle el premio Príncipe de Asturias a Leonard Cohen es reivindicar todo un movimiento cultural del último medio siglo es apenas una verdad a medias. Significa, también, recordar que al hombre occidental (no menos que al oriental, pero conocemos mejor nuestra tradición occidental) le gusta y le da un enorme placer cantar, y que el aspecto sonoro del canto está presente tanto en la música como en la poesía desde el Renacimiento italiano, y que no es casual que las dos formas que surgieron en ambas disciplinas tengan un nombre tan rotundo como sonoro: sonata en música, y soneto en poesía. Ambos términos hacen referencia a lo que suena: la palabra y la música. Y esa tradición que empezó en la Italia del Renacimiento, y entre cuyos egregios representantes se encuentra Vincenzo Galileo, el padre de Galilei, es el resultado de una lectura equivocada (pero que Harold Bloom diría adecuada o correcta) de la tradición griega del teatro y su intento por restablecerlo como modelo a seguir. De esa lectura de la tradición antigua surgieron las primeras óperas y los madrigales que autores como Banchieri y Monteverdi nos legaron, y las relaciones entre poetas que colaboraban con compositores no se ha interrumpido desde entonces. Las schubertiadas, por ejemplo, durante el romanticismo, son algunas de las más memorables veladas en las que Franz Schubert, un compositor especialmente dotado para la melodía y la comprensión de los textos líricos, compuso algunas de las más bellas canciones de los últimos 300 años, basadas en poemas de sus contemporáneos, con no menos rigor que lo que antes había hecho Monteverdi con poemas de Petrarca, y con no menos fortuna de lo que John Lennon y Paul McCartney hicieron en los años sesentas, o con la que los dos galarconados con el Premio Príncipe de Asturias de Letras, Bob Dylan y Leonard Cohen.

Y de esta amplia manera demuestro cómo es que ese desprecio que ciertos escritores entre nosotros no teme mostrar hacia esta clase de artistas es sólo el fruto de una ignorancia demencial, de un desconocimiento de la tradición lírico-musical de los últimos 500 años, y en última instancia, de un esnobismo absoluto, de una posición que resulta del todo insostenible si sólo toma en consideración como válida la llamada cultura de elite. Este premio, sin más, reivindica esa tradición que acabo de mencionar, entre la cual se encuentra, también, por si faltara algo, la de los juglares, que daban cuenta de su época a través de su arte popular y sin pretensiones. Esa es la verdadera importancia del Premio Píncipe de Asturias a Leonard Cohen.

viernes, 1 de abril de 2011

Editorial

Hoy empieza sus actividades Poetas en la web, un esfuerzo para divulgar lo mejor de la creación y la reflexión en nuestro país. Hubiéramos querido desear que nuestro primer editorial de nuestro primer número fuera una presentación de lo que será la revista, sus alcances, sus objetivos, presentar a sus colaboradores, a las integrantes del Comité Editorial, y hablar de sus futuros contenidos. En lugar de eso, nuestra primera actividad consiste en divulgar la carta abierta (publicada hoy por el periódico La Jornada) que la comunidad literaria le envía a nuestras autoridades nacionales para cambiar la estrategia de seguridad nacional (una demanda que ya sólo muy pocos defienden), y clamar justicia por el cobarde asesinato del hijo de nuestro amigo y colega, el poeta Javier Sicilia.


Carta abierta
Periódico La Jornada
Viernes 1º de abril de 2011, p. 15


El asesinato en Cuernavaca de siete personas (entre ellas Juan Francisco Sicilia, el hijo del poeta y periodista Javier Sicilia) es una expresión más de la violencia que hoy prevalece en la mayor parte del territorio nacional, reflejo de la inoperante estrategia diseñada por el gobierno de México para combatir el narcotráfico y del fracaso de una guerra cuya verdadera naturaleza se quiere ocultar a través de diversas maniobras, como la de bautizarla con eufemismos destinados a velar la realidad ("La lucha por la seguridad", por ejemplo).

Como se ha vuelto costumbre, antes siquiera de contar con alguna pista sobre los posibles autores materiales de estos crímenes se intentó identificar a los individuos asesinados como miembros de algún grupo de delincuentes. Dado que hace unos cuantos días numerosos medios del país (encabezados por Televisa en un acto que se promocionó y transmitió como uno más de sus programas de entretenimiento) firmaron un convenio, entre cuyos acuerdos está el de no referir detalles noticiosos que le hagan el juego al crimen organizado, es probable que estos hechos apenas se divulguen y que se escamoteen ciertos datos que delatan lo que en última instancia constituyen: un acto de terror enderezado contra la población.

La palabra "terrorismo" asusta y encrespa al gobierno federal, que ha decidido vetarla a toda costa. A la luz del antedicho pacto es muy posible que periodistas y locutores opten por sumarse al veto, a nombre de una supuesta y tal vez bien intencionada defensa de la comunidad. Esta es una medida, sin embargo, que colinda con la autocensura y que no beneficia al ciudadano de a pie, cuyas posibilidades de defenderse y tomar previsiones dependen del cabal conocimiento de las diversas y mudables formas de operar de los criminales, así como de las noticias que dan fe de una táctica de combate diseñada sobre las rodillas y por lo tanto ineficiente.

Hoy más que nunca es preciso que los ciudadanos de todo el país nos unamos en distintos niveles y formas de organización (gremiales, laborales, vecinales, etcétera) para denunciar y enfrentar de manera resuelta hechos como el que aquí se menciona, exigir que se les de la cobertura que merecen, demandarle a las instituciones de gobierno que se persiga y castigue a los culpables y, finalmente, reclamar que este tipo de ataques se investiguen y atiendan como lo que son: actos de violencia que las distintas organizaciones del narcotráfico y, por desgracia, los mismos cuerpos de seguridad del Estado, empiezan a cometer de manera indiscriminada en contra de la sociedad civil. Quienes firmamos esta carta, miembros de la comunidad cultural, académica y artística del país, nos solidarizamos con nuestro amigo y colega Javier Sicilia y con las familias de todas las víctimas involucradas en estos hechos lamentables.

Abraham Nahón, Adán Echeverría García, Adriana de Teresa Ochoa, Adriana Díaz Enciso, Adriana González Mateos, Adriana Konzevik, Adriana Matalonga, Adriana Menassè, Aglae Margalli, Agnès Mérat, Agustín Sánchez, Aída Favela Gavia, Aída Jiménez Orozco, Aída Maltrana Hernández, Alain Derbez, Alba Teresa Estrada Castañón, Albertina Contreras, Alberto Aranda, Alberto Blanco, Alberto Chimal, Alberto García Saavedra, Alberto Pérez Schoelly, Alberto Ruy Sánchez, Alejandra Liceaga, Alejandro Aranda, Alejandro Herrera, Alejandro Paez Varela, Alejandro Tarrab, Alejandro Toledo, Alejandro Villalba, Aleksandra Jablonska, Alexis Gómez Rosa, Alfredo de Stéfano, Alfredo Ginés Díaz, Alfredo López Austin, Alicia García Bergua, Alicia Mariscal Ortega de Yapur, Alicia Segura, Alida Casale Núñez, Alina López Cámara y Glantz, Aline de la Macorra, Aline Petterson, Alma Leticia Benítez, Alonso Ruiz Belmont, Alvaro Abreu, Alvaro Mata Guille, Alvaro Solís, Amalia Attolini, Amanda Quezadas Llanes, Amelia Rivaud Morayta, Amira Aranda Astudillo, Ana Bustamante Figueroa, Ana Bustillo, Ana de Ita, Ana Franco Ortuño, Ana García Bergua, Ana Garduño, Ana Helena Treviño, Ana Lidya Flores Marín, Ana Margolis, Ana María Jaramillo, Ana María Salmerón Castro, Ana Terán, Ana Velia Chagoya Arzate, Anaïs Abreu d’Argence, Anamari Gomís, Anamaría Ashwell, Andrea Caso, Andrés Ramírez, Ángel Moisés Rojas, Ángeles Sánchez Bringas, Angélica Tornero, Antonio Calera-Grobet, Antonio Deltoro, Antonio Sarmiento Galán, Araceli Zúñiga Vázquez, Aramar Soto, Argelia Arriaga García, Armando Chong, Armando Contreras, Arturo Cipriano, Arturo García Hernández, Arturo Mendoza, Atenea Acevedo, Athenea Baker, Aurelio Major, Aurora del Villar, Aurora Fernández, Aurora Pedroche, Bárbara Chasson R., Bárbara Durán Cruz, Bárbara Jacobs, Bárbara Jacquemin, Beatriz Ariadna Escalante de Haro, Beatriz Barros Horcasitas Beatriz Cano, Beatriz Espejo, Beatriz Eugenia Romero Cuevas, Begoña Lecumberri, Benjamín Adolfo Araujo Mondragón, Benjamín Mayer Foulkes, Berenice Manjarrez Vericat, Bernarda Martín Vieyra, Bernardo Gamboa Sánchez, Berta Hiriart, Bertha Alavez, Bertha González-Pedrajo, Betsabé Romero, Bety Íñiguez, Blanca Luz Pulido, Boris Viskin, Braulio Hornedo Rocha, Busi Cortés, Camilo Manrique Sevillano, Carla Faesler,Carla Victoria Valencia Negrete, Carlos Adolfo Gutiérrez Vidal, Carlos Alcocer, Carlos Eduardo Martínez Rentería, Carlos Einar Salcedo Morales, Carlos Figueroa Ibarra, Carlos Gaytán, Carlos López Beltrán, Carlos M. Valverde-Rodríguez, Carlos Pellicer López, Carlos Sánchez González, Carmen Aceves Velasco, Carmen Amato, Carmen Carrara, Carmen Giménez Cacho, Carmina Hernández Covarrubias, Carmina Rufranco, Carolina Kerlow, Carolina Meneses Fernández, Catalina Eibenshutz, Catalina Pereda, Cecilia Appleton, Cecilia Lugo, Cecilia Zeledón, Celina Montes Santillana, César Horacio Espinosa Vera, Chac, Chloe Aridjis, Ciprián Cabrera Jasso, Cissi Montilla, Citlali Guerrero, Clara Rojas Aréchiga, Clarisa Falcón Valerdi, Claudia Burr, Claudia Canales, Claudia Gidi, Claudia González Báez, Claudia Guillén, Claudia Jiménez Villaseñor, Claudia Luna, Claudia Mercedes Palavicini Sánchez, Claudia Rodríguez Borja, Claudia Sánchez de Tagle, Claudina Domingo, Columba González Duarte, Concepción Arroyo, Conrado Arranz, Conrado Tostado, Cony Cuevas, Coral Bracho, Cristián Bredée Tovar, Cristián Calónico Lucio, Cristina Cortés, Cristina Gómez Álvarez, Cristina Gutiérrez Suárez, Cristina Múgica, Cristina Ninaki Ortega Kanoussi, Cristina Pacheco, Curry Fernández, Dalí Corona, Dana Gelinas, Daniel Camacho Jiménez, Daniel Luna Alcántara, Daniel Mir, Daniel Molina Álvarez, Daniela Camacho Jiménez, Daniela Morábito Rojas, Daniela Pastrana, Daniela Tarazona, Danielle Zaslavsky, David Fernández Dávalos, David Huerta, David Olguín, David Ortiz Celestino, Denise Anzures, Denise Hellion, Diana del Ángel, Doctor Lakra, Dolores Castro, Edgar Piedragil, Edilberto Aldán, Edith Mariela Castro Flores, Edith Negrín, Eduardo Almeida Acosta, Eduardo Antonio Parra, Eduardo Cerecedo, Eduardo Clavé, Eduardo Herrera Fernández, Eduardo Hurtado, Eduardo Milán, Eduardo Montagner Anguiano, Eduardo Mosches, Eduardo Piastro, Eduardo Quintanar Guadarrama, Eduardo Rebolledo, Eduardo Reyes de la Cruz, Eduardo Silva Novelo, Eduardo Vázquez Martín, Efrén Calleja, Ehitel Silva Zegarra, Elba Macías, Elena Loera, Elena Martín-Lunas Rodríguez, Elena Poniatowska Amor, Elena Urrutia, Elia Domenzain, Elia García, Elin Emilsson, Elisa Ramírez Castañeda, Elizabeth Cazessús, Elizabeth Heyns, Elmer Mendoza, Elsa Cross, Elsa González Paredes, Elsa Medina Castro, Elvira Concheiro, Emiliano Álvarez, Emiret Millán Figueroa, Emoé de la Parra, Ena Lastra, Eniret Millán Figueroa, Enrique Arriola Woog, Enrique Rodríguez Varela, Enzia Verduchi, Eraclio Zepeda, Eréndira Camacho, Eréndira Gallo, Estela Treviño, Estella Burgos, Eugenia Gutiérrez-Trejo Slim, Eugenia Meyer, Eugenia Russek, Eulalia Bermúdez, Eva Aridjis, Fabio Morábito, Fabricio Mijares, Federico Campbell, Federico de la Vega, Federico Urtaza, Felipe Ponce, Félix Vergara López, Fernanda Sordo, Fernanda Vera Mergruen, Fernando García-Crespo Rama, Fernando Matamoros Ponce, Fernando Romero Oropeza, Flavia Ester Anau, Flora Botton-Burlá, Francesca Gargallo, Francis Mestries, Francisco Arciniega Cortés, Francisco Goldman, Francisco Magaña, Francisco Martínez Negrete, Francisco Muñoz, Francisco Peredo Castro, FranciscoSegovia, Francisco Toledo, Franco Aceves Humana, Franco Corona, Frida Gorbach, Gabriel Castaños Mora, Gabriel Salom, Gabriel Wolfson, Gabriela Balderas, Gabriela Galindo, Gabriela Gullco, Gabriela Gutiérrez Ovalle, Gabriela Lara Torres, Gabriela Torres de Bermúdez, Gaëlle Le Calvez, Genaro S. Carnero, Georgina Tábora, Gerardo de la Torre, Gerardo González, Gerardo Martín Conde, Gilberto López y Rivas, Gilberto Magaña Hernández, Gilda Castillo, Gloria Artís, Gloria Carrasco, Gloria Falcón, Grace Quintanilla, Graciela Salazar Reyna, Graco Rojo Curiel, Grissel Gómez Estada, Guadalupe Acosta, Guadalupe Alonso Coratella, Guadalupe Loaeza, Guadalupe Rivemar Valle, Guadalupe Sánchez Sosa, Guadalupe Valencia G., Guadalupe Zamarrón, Gumersindo Vera Hernández, Gustavo Ogarrio, Gustavo Pérez, Héctor A. de Gortari Sánchez, Héctor Carreto, Héctor Gómez Vázquez, Héctor Hernández Montecinos, Héctor Luis Zarauz López, Héctor Manjarrez, Héctor Manuel Perea, Héctor Miguel Sánchez Rodríguez, Héctor Perea, Héctor Suárez Gomís, Héctor Velázquez Gutiérrez, Helena Sánchez, Heriberto Rodríguez, Hernán Bravo Varela, Homero Aridjis, Horacio Ortiz, Hugo E. Ponce-Ulloa, Hugo Vargas, Ignacio López Guerrero, Igor Barreto, Ilián Blanco García, Iliana Godoy, Iliana Olmedo, Ina Larrauri, Indira Kempis, Ingrid Solana Vásquez, Ingrid Suckaer, Inti García Santamaría, Irad Nieto, Irma Vidana Hernández López, Irvin Guerrero, Irving Ramírez, Isa Yolanda Rodríguez, Isaac Meza, Isabel Cabrera, Isabel Vericat Núñez, Ishtar Cardona, Itzel Zavaleta, Iván Domínguez- Azdar, Iván Vergara, Ivonne Boyer, Jaime Arrangoiz, Jaime Avilés, Jaime Chabaud, Jaime Moreno Villarreal, Jaime Muñoz Vargas, Jaime Pérez Mendoza, Javier Contreras Villaseñor, Javier de la Mora, Javier Ledesma, Javier Mardel, Javier Pérez Siller, Javier Tovar, Jeanette Hernández García, Jeannette Betancourt, Jesusa Rodríguez, Joaquín Olivares, Jocelyn Pantoja, Jorge Alfredo Pacheco, Jorge Brash, Jorge Esquinca, Jorge Javier Romero, Jorge Juárez Morales, Jorge Lebedev, Jorge Luna, Jorge Mujica, Jorge Orendain, Jorge Ortega, Jorge Priego Martínez, Jorge Rodríguez, Jorge Turner, Jorge von Ziegler, José Agustín, José Antonio Aspe, José Antonio Castillo Riaño, José Antonio de Lara Rangel, José Antonio González de León, José Arias Chávez, José Emilio Pacheco, José Gil Olmos, José Luis de Haro Velázquez, José Luis Fernández Sepúlveda, José Luis Kraft Vera, José Manuel Di Bella, José Manuel Recillas, José Manuel Rodríguez Ramírez, José Manuel Rueda Smithers, José María Espinasa, José María Muría, José Peguero Arciniega, José Quezada, José Ramón Enríquez, José Ramón Enríquez, Josefina Batanero, Josefina Estrada, Josefina García Fajardo, Josefina Jiménez Cortés, Josefina Larragoiti, Josu Landa, Juan Antonio Perujo Cano, Juan Carlos Rangel, Juan Francisco Urrusti Alonso, Juan José Macías, Juan Tonda, Juan Villoro, Juana María Perujo Álvarez, Julia Con Uribe, Julia Piastro, Julián Herbert, Julieta Lizaola, Julieta Valle Esquivel, Karla Sandomingo, Katya Mandoki, Laura Adriana Hernández Martínez, Laura Almela, Laura Bárcena, Laura Castellanos, Laura Ramírez, Laureana Toledo, Leonardo M. Tyrtania Geidt, Leonides Afendulis García, Leonor Fernández, Leopoldo Cervantes- Ortiz, Leopoldo Lezama, Leticia Gamboa Ojeda, Leticia García, Leticia Huijara, Leticia Luna, Lilia Martha Partida Flores, Liliana Felipe, Lina Odena Güemes, Lino Perea, Liz Durand Goytia, Lorena Fortolís, Lorena Marcela Padrón, Lorena Saucedo, Lorena Wolffer, Loudes Almeida, Lourdes Tamayo Salazar, Lucero Enríquez, Lucía García Noriega y Nieto, Lucía Melgar, Lucía Osvaldo Garrido, Lucía Rivadeneyra, Luciana Ramos Lira, Luciano Domínguez Cherit, Lucila Torres, Lucinda Gutiérrez Ruiz, Luigi Amara, Luis Adán Zayas Castillero, Luis Alberto Arellano, Luis Alberto López Wario, Luis Armenta Malpica, Luis Cortés Bargalló, Luis Fernando Lara, Luis Fernando Ortega, Luis Humberto Crosthwaite, Luis Lombardo, Luis Manuel Amador, Luis Rodríguez, Luis Téllez-Tejeda, Luisa Alba Lois, Luz Aurora Pimentel, Luz de Teresa, Luz del Amo, Luz Emilia Aguilar Z., Luz Fernández de Alba, Lydia Castillo de Wieland, Ma. Eugenia Sánchez Díaz de River, Ma. Luisa Capella, Malva Flores, Manuel Borrás, Manuel Mena Jara, Manuela Álvarez Campa, Marcela Sánchez Mota, Marcelo Marquís, Marcelo Uribe, Marcia Hiriart, Marcial Fernández, Marco Antonio Campos, Marco Barrera Bassols, Marco Eduardo Murueta, Marco Tulio Lailson, Marcos Límenes, Marely Romero, Margarita de Orellana, Margarita Palacios Sierra, Margarita Peña, Margarita Rojas, Margarita Sologuren Sorcia, Margarita Velázquez Gutiérrez, María Baranda, María de los Ángeles Hope, María del Carmen de Lara, María del Carmen Farías Román, María del Carmen Martínez Diez, María del Pilar Paz Román, María E. Gonsebatt, María Elisa Velázquez Gutiérrez, María Emilia Caballero, María Esther Quintero, María González de León Álvarez, María Goycolea Artís, María Guadalupe Ochoa Ávila, María Guerra, María Haydeé García Bravo, María Jazmina Barrera Velázquez, María Luisa Martínez Passarge, María Munguía Zatarain, María Novaro, María Rivera, María Rosas, María Stoopen, María Teresa Lugo, Mariana Elizondo, Mariana Vega, Marianella Villa, Mariano Flores Castro, Maricruz Jiménez, Maricruz Patiño, Mariel Ruiz de Chávez, Marina Bergua Conde, Marina Fe, Mario Bellatín, Mario Casasús, Mario Ojeda Revah, Marisa Giménez Cacho, Marisol Fernández Alonso, Marisol Simón Pinero, Maritza Forsman, Marlene Fautsch Arranz, Marta Donis, Martha Cecilia Ornelas Gil, Martha Elena Munguía Zatarain, Martha Esparza, Martha Favila, Martha Ilián Salgado, Martha Massa, Martha Robles, Martha Villanueva Aguilar, Martín Solares, Mary Carmen Sánchez Ambriz, Masha Zepada, Matilde Tercero Bueno, Mauricio Molina, Mauricio Montiel Figueras, Maya Lorena Pérez Ruiz, Mayán Santibáñez, Mercedes Luna Fuentes, Miguel Quintero, Miguel Sánchez-Rojas, Miguel Vélez, Milton Medellín, Miriam Aragón, Moisés Arroyo Hernández, Mónica Benítez, Mónica Hoth, Mónica Lombardo Sherrill, Mónica Mansour, Mónica Michel, Mónica Pérey Taylor Navarrete, Monserrat Gali, Nadia Medina Muro, Natalia González Gottdiener, Natalia Pérez Turner, Nelly Muñoriero Ortega, Néstor Francisco Sampieri Laguna, Nicole Spitalier, Nora Cavazos, Norberto de la Torre, Norbeto de la Torre González, Norma Cervantes Mayora, Nuria Marrugat, Nuria Segovia Aguilar, Obed González, Octavio Miramontes, Octavio Rodríguez Araujo, Odette Alonso, Ofelia Medina, Olga Angulo, Olimpia Flores Ortiz, Olinka Ávila Escárzaga, Oralba Castillo Nájera, Óscar de la Borbolla, Óscar Luviano, Óscar Santos, Óscar Wong, Pablo Alfonso Graniel, Pablo Amor, Pablo Esquinca Ávila, Pablo Mora, Pablo Quintero V., Pablo Raphael, Pablo Rulfo, Paloma Quijano, Paloma Villegas, Pancho Navarrete, Paola Tinoco García, Patricia Andrade del Cid, Patricia Aridjis, Patricia de Oteyza, Patricia Gutiérrez-Otero, Patricia Rivas, Paulina Michel, Paulina Rivero Weber, Pilar López, Pilar Medina, Pilar Urreta, Rafael Barajas, Rafael Bojalil, Rafael Catana, Rafael Ferragut, Rafael Huacuz Elías, Rafael Jiménez Cataño, Rafael Lemus, Rafael Segovia Albán, Rafael Torres Sánchez, Ramiro S. Osorio, Ramón Ojeda Mestre, Raúl Aguilar Roblero, Raúl Álvarez Garín, Raúl Díaz, Raúl E. Murguía, Raúl Silva, Raymundo Mier, Rebeca González Rudo, Rebeca Monroy, Rebeca Orozco Mora, René Drucker Colín, Ricardo Andrade Jardí, Ricardo González Castañeda, Ricardo Muñoz Munguía, Ricardo Nudelman, Rita María León López,Roberto Elías Calles, Roberto Frías, Roberto Gallegos Rodríguez, Roberto Rébora, Rocío Alonso Martínez, Rocío Barrionuevo, Rocío Cerón, Rocío Salceda, Rodolfo Fonseca, Rodrigo Bazán Bonfil, Rodrigo Flores Sánchez, Rogelio Guedea, Rosa Beltrán, Rosa del Amo Porraz, Rosa Gaitán Guzmán, Rosa María Espinoza Galindo, Rosa María Villarreal, Rosa Nieves Nogueda, Rosa Trujano López, Rosanela Álvarez, Rosario Manzanos González, Rosario Rico, Rosy Laura Castellanos Mariano, Roxana Elvrigde- Thomas, Roxana Martín Lunas R., Ruth Munguía Flores, Salvador Ramírez Jiménez, Salvador Segura Levy, Samuel Meléndrez Bayardo, Sandra Escutia, Sara Andonie, Sara Robbins, Saúl Espino Armendáriz, Saúl Gurrola, Saúl Kaminer, Sebastián de Lara Gomís, Sergio Briceño, Sergio Galaz García, Sergio Negrete Salinas, Sergio Nurko, Sergio Palencia, Sergio Raúl Arroyo, Shara Martínez Vara, Silvia del Amo Rodríguez, Silvia Eugenia Castillero, Silvia Magali Cuadra, Silvia Patricia Arce Garza, Silvia Pratt, Socorro Benavides Chávez, Sofía Espinosa Carrasco, Sonia Bozzi, Sonia Silva Rosas, Sonia Zenteno, Surya McGregor, Susana Glantz, Susana Guerra Vallejo, Susana Lerner Sigal, Susana Quintanilla, Susana Vidal Ochoa, Sylvia Ordóñez Jones, Tania Álvarez Garín, Tania González Escalona, Tanya Huntington Hyde, Teresa Guitián, Teresa Naranjo, Teresa Peyret, Teresa Valdivia, Teresa Velázquez Gutiérrez, Tessa Brissac, Thalía Harmony, Tita Lombardo, Tomás Segovia, Trinidad Alessio, Una Pérez Ruiz, Uriel Martínez, Vera Milarka, Verónica Espinosa Ochoa, Verónica Murguía, Vicente Quirarte, Vicente Rojo, Víctor Becerril Montekio, Víctor Cabrera, Víctor Cuchí Espada, Víctor Gayol, Víctor Hugo de la Fuente, Víctor Manuel Mendiola, Víctor Toledo, Victoria Guillén Álvarez, Victoria Schussheim, Victoria Yapur, Vivian Abenshushan, Viviana Pineda P., Xavier Aguirre Palacios, Xavier Rodríguez Ledesma, Ximena Perujo Cano, Xochiquetzal Panuhaya Chagoya, Yadur N. González Meza, Yolanda Arizmendi, Zazil Collins, Zlate Biezuner, Francisco Toledo.

Responsable de la publicación: Eduardo Hurtado.

sábado, 19 de marzo de 2011

Presentación

Poetas en la red es una revista-blog-grupo cuyo propósito es abrir espacios a la reflexión y la creación literaria en nuestro país. Esta triple esencia permite entender el espacio editorial que hay detrás como uno específicamente móvil, el cual desea romper con una parte de los cartabones preestablecidos de medios y publicaciones periódicas, que suponen una relación de tipo vertical, en favor de una relación más horizontal y dinámica tanto entre sus colaboradores como entre sus lectores.

Dentro de esta dinámica horizontal que busca abrir nuevos espacios y posibilidades, el cuerpo del Comité Editorial de la revista está constituido exclusivamente por mujeres, poetas altamente respetadas en el medio literario, pero a las cuales no suele brindárseles los espacios necesarios para ejercer su inteligencia con la libertad que ésta requiere. Es nuestro deseo que esta vertiente abiertamente femenina en este espacio permita una relación no sólo más equitativa en los hechos, sino de vanguardia en un sentido mucho más natural y fluido, y en el que las voces femeninas vayan conquistando lo que ya es de ellas pero no lo han hecho suyo.

En Poetas en la red nos interesa el diálogo inter y multicultural, así como el cultivo de actividades literarias poco practicadas y a las que se suele desdeñar. Nos interesa recuperar la tradición de las reseñas literarias, un género otrora floreciente y hoy en vías de extinción. En este espacio el lector hallará el ejercicio de la traducción en todos sus aspectos dialógicos: traducción de poemas como traducción de ensayos, diálogo entre la poesía y otras disciplinas, entrevistas interdisciplinarias, creación y divulgación lírica, avances de proyectos creativos, reflexión sobre el quehacer literario, investigaciones especializadas, crítica de la crítica, debates sobre la actualidad, pero sobre todo creación e inteligencia.

Poetas en la red se apoyará del grupo ya organizado en facebook para divulgar sus actividades y publicaciones, y tendrá un formato de publicación único en la web. Los textos creativos, como ensayos, poemas, traducciones y relatos, estarán en pdf para descarga a fin de ser leídos no sobre la página electrónica, sino en la comodidad de la casa mediante una impresión, o bien para leerlos en dispositivos móviles como el iPad. Las reseñas y textos que aborden lo inmediato se publicarán directamente sobre el blog, y podrán ser leídos sin mayor dilación. Este modelo de publicación desea favorecer la actividad dedicada a los autores de los textos de modo que no se debe suponer que todo en la web es sencillo y no requiere esfuerzo.

Esperamos que así como la lectura de los textos le exija al lector la sabida disposición a dedicarle tiempo y preparar el momento de la lectura, esa disposición y momento empiece desde la adquisición de los textos mismos, desde el momento en que se decide descargar uno para su respectiva lectura. Un mínimo de respeto hacia nuestros colaboradores y autores nos mueve a obrar en ese sentido.

A partir del mes de abril empezaremos a publicar regularmente los textos de nuestros amigos y colaboradores, y esperamos que los lectores nos acompañen en esta travesía que apenas empieza.